sábado, 14 de noviembre de 2009

DIVAS

Un poco de DIVAS, mi más reciente libro de cuentos. Al cual le estoy preparando una lujosa presentación, bueno algo digno para el libro.

Fragmentos de algunos cuentos... sólo algunos...

ELOISA


El suicidio de los mosquitos


“En un ojo abierto, en las fosas nasales, cuando mantienes la boca abierta por las noches. Por igual en los parabrisas de los automóviles, en los faros de estos mismos, al andar en busca del alimento de todos los días. Sin duda los mosquitos prefieren el suicidio al sentirse inferiores en este mundo, ellos que llegaron de un planeta lejano a poblar este que necesitaba de razas nuevas — se limpió el mosquito y la sangre que traía embarrada en las manos —.


Eloisa, la muerta.


Perdió el conocimiento en un par de minutos después de caer al agua. Diego no volvería a verla con vida, Eloísa fue tragada por el cráter cuando una corriente de agua la sumergió. Fue arrastrada hasta el río subterráneo que alimentaba el lago del cráter en aquellos días.




Castigo divino


Uno
Íbamos a recibir el peor de los castigos, eso nos habían dicho cuando nos llevaron a la dirección. Pocas veces nos portábamos mal, pero el encierro y el tedio de las clases, combinado esto con el insoportable calor de mayo bajo el chaleco de lana obligatorio, lograban que explotáramos como una olla de presión.




EL HOMBRE QUE NACIÓ DOS VECES


En una de sus largas caminatas la descubrió, una placa dorada que lo deslumbró al reflejar el sol intenso de verano. Se acercó cauteloso, fue una sorpresa ese destello cálido que le iluminó la mirada. Nunca antes había visto esa placa. “Debe ser de oro.” Pensó. Antes de alejarse de la vieja casona que se encontraba al sur de la ciudad, situada en el número trece de la calle La procesión. Fotografió la placa, iba a ser parte de su archivo histórico de El Escondido.




EL PAÍS DE LAS SIETE FUMAROLAS


Los hombres de las estrellas


Hubo un tiempo en el que los hombres andaban sin prisa, su destino se encontraba marcado por el ritmo de la tierra, por los latidos del corazón de la naturaleza. Bastaba con levantar la cara y dirigir la mirada hacia el horizonte para poder apreciar la grandeza de la vida por todas partes. Sabían del inmenso poder del planeta, por igual del que les llegaba del cosmos. El suceso más extraño, que los marcó para siempre, fue el olvido. Se olvidaron de sí mismos, de la misión que se les había encomendado. Con el paso de los años, de los siglos, perdieron la noción del tiempo, terminaron siendo prisioneros en la esfera de la rutina.

1 comentario:

cris parod dijo...

No hay mas palabras para describir el significado de este escrito... es tan enorme que se puede sentir con tan solo leerlo.